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Froilán de Lózar en su libro Cervera, Polentinos, Pernía y Castillería, año 2008, nos dice de Casavegas en la pg. 124: La primera referencia sobre este lugar aparece en el Libro de las Merindades en 1352. En el Becerrro de las Behetrías figura como La Casa de Vegas por lo que parece sugerente pensar que su fundador llevaría ese nombre.
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Los azules mezclados con blanco añaden un halo de misterio a Casavegas, montaña palentina
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Maravilla natural
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Comenzamos la ruta desde el pueblo de Casavegas, tomando una pista ancha y en buenas condiciones que comienza en la parte Norte del pueblo. Los primeros 1600 my 25 min. de ruta se hacen en sentido ascendente. Reciben el nombre de Sierras Albas el grupo de sierras que cierran por el Norte la comarca de la Pernía y que se encuentran delimitadas al Oeste por la Peña Bistruey (2002 m) y al Este por Peña Labra (2029 m). Estas sierras marcan la divisoria entre Palencia y Cantabria. Después de disfrutar de la vista unos minutos, nuestra ruta toma rumbo NE y discurre por la divisoria entre Palencia y Cantabria por un sendero marcado entre las escobas y pastizales de la cara Norte de sierras Albas, Yendo hacia el Oeste vemos los puertos de Pineda con el Bistruey arropando al pueblo de Caloca.
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Casavegas, un punto en la geografía española, desde donde salieron rumbo a México un número alto tomando en cuenta la dimensión del pueblo.
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Un documento tan valioso como el oro, ya que se ve trillando y cargando el carro de hierba, faenas que han desaparecido en la montaña palentina. Vea dicho documento en casavegas.es
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Los animales que ven en esta filmación, vacas tudancas, tomada por las inmediaciones del pico Carazo ya no están en vías de extinción porque tuvieron que ser sacrificados. Grande fue la tristeza de su dueño. Hoy le queda el consuelo de verlos, al menos, en este recuerdo filmado.
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Fiesta de la tortilla, Caloca, Liebana, Cantabria, Agosto de 2009
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Camino con mi abuela por el campo. Es la hora de recoger el trigo maduro cuidadosamente segado en andás con el dalle para no desgranar las espigas. El olor del tamo de la mies esparcida en algunas tierras y la paja de los rastrojos de otras me traen muchos recuerdos: haces, gavillas, parva, verano, calor, vueltas y vueltas con el trillo en la era, agua fresca de las fuentes cercanas bebida de la botija, vacas, bieldos, más calor, viento del norte, granos de trigo, costales, atrojes, arcas, harina, molino, horno, pan, torta... Mi abuela cernía la harina, la amasaba en la artesa y la arropaba con una tela apropiada hasta que fermentaba. Calentaba el horno con leña de roble para luego cocer los panes y las exquisitas tortas que más tardaba en hacer que nosotros en comerlas. Mi padre partía cada hogaza en rebanadas para sustentar a la familia que, rodeando la mesa colocada en el portal o en la cocina, según fuera la estación del año, se nutria para continuar con las faenas diarias. El pan caliente se comía solo y al sacarlo del horno la casa se llenaba de olor a pan tierno.
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