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Mi padre es de Celada de Roblecedo, por lo tanto, ya desde niños, caminábamos entre bosques, valles y praderas para ir a visitar a los abuelos y tíos, para compartir la comida, y para participar de los actos preparados con motivo de la fiesta del pueblo. Era una alegría llegar a Celada. Personalmente fui también un tiempo a la escuela, (estando ahí es cuando plantaron unas acacias de las cuales creo solo queda una). Me tocó trillar, ir a la fuente a traer agua fresca, y estuve a punto de perder la vida cuando eché un fulminante en la lumbre de la escuela y salió como una bala que afortunadamente no pilló a nadie, y algunos estábamos muy cerca calentándonos. Ese sonido me caló tan hondo que, en el transcurso de la vida, he llegado a escucharlo unas tres o cuatro veces más.
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Parrillada en Celada de Roblecedo
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Parrillada en Celada de Roblecedo 2009
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Parrillada en Celada de Roblecedo
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Navidad 2008
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Nevando en Celada de Roblecedo. Año 2008
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Parrillada en Celada de Roblecedo
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He viajado desde México tratando de buscar la suerte que se me arrebató dos años antes, durante los cuales me pasé muchas horas por los bosques de La Pernía, disfrutando de su entorno y esperando el momento de tener un encuentro con el oso pardo. Se me había advertido que era muy peligroso, y la gente se extrañaba de que me adentrara en los bosques completamente desarmado. Los primeros relatos los recibí en La Campa, un lugar de encuentro entre todos los pernianos, donde se juega a las cartas (la brisca, el tute, el subastao), mientras se toma una caña (cerveza sin embotellar) o un buen vaso de vino acompañado de alguna tapa (bocadillo presentado en el mostrador). "De lo que te tienes que cuidar es de que se pare en dos patas, aumenta su volumen enormemente y es una señal de que el animal está molesto". En el mes de mayo del 2004 un conocido del Pueblo de Lebanza, uno de los 12 de que se compone La Pernía, fue a recoger hongos como lo había hecho todos los años por esa época. De pronto vio al oso a una distancia de 20 metros, cuando recobró el conocimiento estaba tendido en el suelo con una rodilla rota y terminó en el hospital, primero de Cervera de Pisuerga y luego de Carrión. Fue.....me dijo mientras mostraba la alteración producida por los recuerdos, un momento de esos que parecen nunca acabar. Por lo general el oso no ataca, pero se defiende cuando es atacado, perseguido o acosado. El oso pardo es el animal terrestre, nativo de esta región, más poderoso. Pesa hasta ...
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Pueblo de La Pernia ubicado en la montaña palentina donde las estaciones primavera, verano, otoño e invierno son tan contrastadas como sus nombres. Donde habita el oso, tasugo, esquilo, lagarto verde, vaca viruela, venado, rebeco, liebre, corzo, jabalí, raposo, perdiz, codorniz y zorro. Han desaparecido el Urogallo y el lobo. Donde se pueden encontrar en el campo amiérganos, ajuérjanos, arráspanos, amostajas, amajuetas, andrinos, calambrojos, amaíllas, avellanas, agrullas, setas, hongos, amajuelas, agavillas, hayucos, arráspanos, avellanas, calambretas, frambuesas, tallos, lecherinas, borrajas, cuernicabras. etc. Donde en el invierno entran mejor los torreznos (tocino untado en el pan), el caldo, morcillas y chorizos acompañados de un buen vaso de vino, un trago de la bota o del porrón. En el verano era fácil ver segar el trigo y llevarlo a la era, trillar, atroparlo con el gario y beldar con el bieldo aprovechando el viento del norte para luego cribar. Meter el trigo en costales, llevarlo al molino y luego hacer con la harina cada 15 días el pan en el horno de la casa y alguna que otra torta. Mientras se estaba sobre el trillo arrastrado por dos vacas tudancas de vez en cuando sentaba bien beber agua fresca del botijo. Todos los veranos se veía a la gente segar la hierba en lombillos, esparcirla para que se secara, apañarla con el rastro, echarla en el carro después de uncir las vacas con el yugo. Llevar la hierba y meterla en el pajar por el boquerón. Encima de la ...
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Para Marisol Marfil Toro y José Luis de Mier Vélez rehacer el molino de Redondo debió ser como llevar una criatura en el seno e ir insuflándole vida paso a paso. Disfrutaron cada momento esperando el advenimiento final: devolverle su verdadera personalidad a un molino construido en 1870 por Simón de Mier Simón y Tomasa Martínez Julián y abandonado a su suerte durante muchos años cuando dejó de funcionar. Fue un trabajo arduo y continuo que produjo la emoción de ir viendo surgir piezas consideradas desaparecidas para siempre. Con la ayuda de Aquilino de Mier Ramasco, Vicente Torre de Mier, Manuel Calleja Aja, Mariano de Mier Simón, Lorenzo de Mier Vélez, María de Mier Morante y Javier Vilda Vilda, fueron dibujando la tolva, la volandera, el durmiente, el harnero, la espada, el árbol, el tirante, el saetino, el rodete y el rodezno, ingredientes que, juntos, produjeron el coctel más deseado, el llamado molino de Redondo. La exquisitez artesanal no escapa a ningún paladar educado. El personaje fue tomando su forma y ahora nos seduce con su belleza. Pero así como un barco no puede llegar a buen destino si no hay un capitán que lo dirija, esta obra exigió de un timonel , un hombre que con su comprensión inteligente de los hechos y de las cosas, con su amor a la cultura que sin ser amor, se le asemeja mucho, esa cultura que es la mejor medicina para el hombre herido por la vida, fuera impulsando una ilusión que se hizo realidad. Gracias a la visión de José Luis, quien no solo ...
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